En lo alto de un antiguo madero
un gato blanco como la nieve se posa
con patitas de seda fina.
Con ojos como lunas pequeñas
solo miraba tranquilo, sereno:
parecía parte de ese mundo silencioso.
Yo pasaba callada...
alzando la vista para admiralro:
¿Cazaba? ¡¿O soñaba despierto?!
No hace ruido, no pide nada,
ni un maullido escapó:
solo observa el mundo desde su trono.
En lo alto del madero quedó
con la brisa moviendo su cola de algodón
mientras el mundo giraba locamente.